A Place To Bury Strangers, Art Of Noise

Abel Cruz Ayuso 03-11-2008

Razzmatazz, 3 de noviembre de 2008

En la revista MOJO del mes de diciembre, Stuart Braithwaite, cerebro de Mogwai, comentaba como cuando el grupo era más joven, él acostumbraba a tener largas conversaciones con el bajista, Dominic Aitchinson, sobre cómo algunos de sus contemporáneos no sabían utilizar el ruido como vía de expresión y sobre cómo esos grupos parecían tomárselo todo a cachondeo mientras que el ruido que ellos hacían era más serio e importante…

Aunque el propio Stuart acaba diciendo “era jodidamente ridículo” (eso de que su ruido era más importante), sí que es cierto que hay grupos que no saben distorsionar, que si lo hacen, les puede quedar falso, agobia, suena a pataleta y puede deslucir un buen tema. Le pasa a Boris, le pasaba a Nirvana, a Soundgarden, a Smashing Pumpkins, a Metallica y a algún otro grupo súper molón de tres al retortero.

Uno de los grupos que sí sabe usar el ruido como forma de expresión es A Place To Bury Strangers. Los neoyorquinos, catalogados en su ciudad natal como “la banda más ruidosa y destroza-tímpanos que jamás vas a ver” (Reseña Washington Post), volvían a Barcelona, después de su triunfal paso en el Primavera Sound 2008, donde fueron uno de los conjuntos más sorprendentes del festival.

El Razz 3 parecía que se quedaría pequeño, no por afluencia (la sala estaba casi llena) sino por capacidad para absorber tanta tralla. La mezcolanza de influencias (The Jesus and Mary Chain, Sonic Youth, MC5, Spacemen 3, My Bloody Valentine, etc) se abrió paso, acompañada por un juego de luces que variaba entre una densa oscuridad con proyecciones, a un uso exagerado de luces muy brillantes, mientras la banda tocó una tras otra, todas las canciones de su álbum homónimo.

Cortes como “ To fix the gash in your head ” (YouTube), el single “ I know I’ll see you ” (YouTube), con su bajo metálico, la voz reverberante y un sonido que no hubieran rechazado los primeros Joy Division o el estallido de distorsión de “ Dead Beat ” (YouTube), dejan claro que no estamos ante un grupo de Shoegaze al uso. En un principio, puede parecer que estemos ante un muro de ruido impenetrable, pero escuchando con atención y viendo el uso de los pedales especialmente fabricados por el líder del grupo, Oliver Ackerman (fundador de la compañía Death By Audio que, entre otros, ha equipado a U2, TV on the Radio o a los pesados de Wilco), el resultado es una apabullante asfixia musical de texturas brutales que, acompañada por esas letras con un cierto aroma existencial, absorben al oyente y le llevan a un ligero estado hipnótico.

Una vez la música se ha detenido, la inercia sonora dura un buen rato, al tener la sensación de que el concierto ha sido duro como un bloque de hormigón. Pero con el paso de los días, la aparente crudeza de la música de APTBS deja paso a una sensación un tanto eufórica. Una inequívoca sensación de que, en medio de la mediocridad musical actual, al menos hay algunos pirados que ofrecen una amalgama especial de ruido, melodía y calidad por la que merece la pena perder el tiempo.

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