LPC3 és la versió 3.0 de La Porta Clàssica. Un mitjà de comunicació molt proper a la realitat musical i artística més innovadora que difon i fomenta les noves iniciatives i grups creatius emergents, i que és sensible a l'opinió i les tendències del públic
Jacobo Zabalo 11-11-2009
Filarmónica de Israel, Zubin Mehta dir.
Palau de la Música Catalana, 28 de octubre de 2009
Una orquesta numerosa y ordenada, de dimensiones casi excesivas, se dio cita en el Palau de la Música para interpretar dos de los hitos del sinfonismo, la Sinfonía nº2 en Re mayor y la Sinfonía nº4 en Mi menor de Johannes Brahms. Con Zubin Mehta al frente, los músicos de la Filarmónica de Israel brindaron versiones contundentes, por no decir monolíticas. Se quiso hacer gala de poder y control, y en efecto se logró. La rigidez se apreció sobre todo en la primera de las piezas, considerada tradicionalmente como la pastoral de Brahms. Más allá de lo acertado del calificativo, cuestionable como tantos otros, lo cierto es que no hubo lirismo y sí, en cambio, ráfagas, embates en el aire que construyeron un edificio sonoro escarpado y anguloso. Muchos detalles se perdieron como consecuencia de esa interpretación, que recordó a algunas de las realizadas por el peor Karajan, a partir de la mitad de su carrera, allá por los años 70.
Exhibicionismo vacuo, exceso sonoro y -lo que es peor- simplificación dramática en la lectura de la Sinfonía nº2 en Re mayor: Nunca se sintió la respiración amplia, ni se percibieron los mil matices que permiten reseguir la maestral evolución de los materiales. El arrebato militar del último movimiento fue la culminación de una interpretación sesgada, que pareció imponer ritmos binarios incluso donde no los hay. Un gallo histriónico, por parte del metal encargado de precipitar el final, selló simbólicamente una versión desacertada desde el comienzo, una versión que contrasta insoportablemente con la ofrecida por John Eliot Gardiner en el mismo recinto, dos años atrás y con un plantel orquestal flexible y entregado, muy inferior en número (menos de la mitad) al desplegado por Zubin Mehta.
La segunda parte del concierto, la interpretación de la Sinfonía nº4 en Mi menor, supuso una ligera mejora en términos de equilibrio, y eso a pesar de que alguna que otra sección siguiera sin tener su mejor noche. Así, en el primer movimiento se produjeron desajustes en los metales mientras que el segundo, el sublime Andante moderato, resultó plano, apenas emotivo. El resto ya lo hemos dicho: poder y marcha, orden vacío y con un pathos semidesbocado. Una lectura, en suma, pretendidamente brahmsiana pero tópica; lectura que seguramente no hubieran firmado, desde sus respectivos extremos, dos de los mejores intérpretes de Brahms, Arturo Toscanini y Wilhelm Furtwängler. Casi una parodia risible, lo de la Filarmónica de Israel, si no fuera por todo lo que evoca.
Fotografías de Antoni Bofill
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