Jacobo Zabalo 22-03-2011
Viktoria Mullova, violín y Ottavio Dantone, clave
Petit Palau, 3 de marzo de 2011
Fue al final de un recital interesante, recital algo irregular pero con momentos de brillo indiscutible. Entre los cuales, precisamente, esa conclusión por todo lo alto, con la interpretación de la célebre chacona de la Partita en re menor para violín solo, BWV 1004, de J. S. Bach. Pieza compleja como pocas, de una polifonía prodigiosa, que desde siempre representa el caballo de batalla de todo violinista y que en la presente ocasión recibió una lectura más que convincente.
Viktoria Mullova ha modificado en los últimos años su repertorio, distanciándose de sus inicios interpretativos y discográficos dentro de la tradición más popular, predominantemente romántica, para asentarse y prodigarse cada vez más del lado de la música antigua. Resulta difícil determinar si el modo interpretativo habitualmente empleado para la recuperación de las piezas barrocas se aviene con su propio estilo, con una técnica -la desplegada en un Petit Palau con el aforo completo- sobria y solvente, poco dada a florituras. Viktoria Mullova es una violinista austera y eficaz, que parece haber encontrado un terreno propicio en las composiciones antiguas, donde se evita el uso indiscriminado del vibrato y se busca la comunicación de afectos sin excesiva afectación.
El éxito de afluencia fue plenamente justificado en esta nueva entrega del ciclo camerístico de Palau 100, tanto por los protagonistas de la interpretación como por el programa escogido; un programa virtuoso y atractivo, pensado para ser ejecutado sin pausa (cosa que, tratándose de música de cámara, se agradece) por Viktoria Mullova, en compañía del clavicembalista Ottavio Dantone, quien ofreció una prestación sensacional, profunda y de gran claridad.
El recital comenzó como acabaría, bis aparte: con la violinista, principal atracción de la velada, en escena, interpretando un movimiento extraído de una de sus piezas para violín solo. El Preludio de la Partita en Mi mayor, BWV 1006 recibió una lectura notable, si bien sin demasiados matices, enturbiada desde su inicio por un desliz en la afinación que pudo condicionar a la intérprete. Ello no impidió que, progresivamente, brillara el genio compositivo de Bach de la mano de Viktoria Mullova, más y más cómoda en el decurso de la pieza. La presencia en escena de Ottavio Dantone para la interpretación de la obra siguiente, una pieza sencilla, deliciosamente confeccionada por Händel, supuso la carta de representación de un intérprete de gran nivel, llamado también a seguir la estela de los Alessandrini o Biondi en su faceta de director de conjunto de música antigua.
Dantone destacó sobre manera en el curso de la interpretación de las dos sonatas para violín y clave de Bach, imprimiendo una polifonía clara y rotunda, perfectamente medida y conjuntada con el protagonismo solista de Mullova. Aunque pudo apreciarse un discreta caída de intensidad por parte de la violinista en la segunda sonata bachiana, lo compensaría con creces en la pieza culminante, de cierre; aquella sublime chacona que motiva por ella sola la asistencia a un recital como el presente. Podrá gustar más o menos el estilo de Mullova, pero no hay duda que es una intérprete con oficio, con un pie en la vieja escuela pero atraída por los nuevos retos interpretativos.
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