LPC3 és la versió 3.0 de La Porta Clàssica. Un mitjà de comunicació molt proper a la realitat musical i artística més innovadora que difon i fomenta les noves iniciatives i grups creatius emergents, i que és sensible a l'opinió i les tendències del públic
Jacobo Zabalo 30-12-2009
Carmina Burana de C. Orff
La Fura dels Baus
Orfeón Pamplonés y Orquesta de Castilla y León
Auditori, 17 de diciembre de 2009
La colección de poemas Carmina Burana, descubierta en el siglo XIX, desprende a través de la orquestación de Carl Orff un poderoso tufillo de inautenticidad, que contrasta con la mayoría de las creaciones llamadas clásicas. Lo sorprendente del caso es que precisamente este rasgo ha propiciado su éxito, su enorme difusión más allá del círculo de melómanos. Para muestra un botón: el Auditori se llenó en la segunda y última representación, para presenciar un espectáculo no solamente musical, ajeno en cualquier caso a la búsqueda artística de su momento de creación. Aparecida en 1936, un año después de que Alban Berg compusiera su etéreo y punzante concierto para violín, dedicado a la memoria de un ángel (Manon Gropius, hija de Alma Mahler) y estrenado por cierto en Barcelona (en memoria del propio Alban Berg, que moriría poco después), esta cantata laica, indecidiblemente anacrónica en lo estilístico, busca por el contrario celebrar la vida desde unas premisas nada sofisticadas, premisas que evocan la pantagruélica realización de los instintos más básicos.
La Fura dels Baus, compañía que tradicionalmente gusta de atizar el conservadurismo moral, se mostró inusualmente moderada en esta ocasión. Es posible que se comience a tomar conciencia de la ingenuidad de querer todavía, a estas alturas, épater le bourgeois. Un dispositivo escénico recubrió a modo de pantalla la Orquesta de Castilla y León, sobre la que se proyectaron imágenes explícitas y subliminales (de forma alternativa, según la mejor tradición del videoarte). La luna, con su simbolismo ancestral, discurrió y atrajo las mareas humanas en forma de coro, el Orfeón Pamplonés, ubicado a ambos lados de la burbuja. El canto fue discreto, si bien no siempre ajustado en su pretendida espectacularidad. Los solistas, en cambio, erigidos en protagonistas para la ocasión, caracterizados con vestimentas llamativas (corsés y look muñeca hinchable, ellas; mantón a lo starwars y Papageno solitario, ellos), cantaron a un gran nivel, ya fuera dentro de una cuba de agua-vino (agua que se convierte en vino) o colgados de una grúa. La puesta en escena de esta celebración pagana, por parte La Fura dels Baus, supo integrar los elementos de la obra original, de modo a revertir el pastiche en espectáculo. Un espectáculo, en efecto, el llegar a disfrutar por momentos del pastiche; llegar a comprender la reivindicación de la vida como un artificio natural y masificado, no precisamente artístico.
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