LPC3 és la versió 3.0 de La Porta Clàssica. Un mitjà de comunicació molt proper a la realitat musical i artística més innovadora que difon i fomenta les noves iniciatives i grups creatius emergents, i que és sensible a l'opinió i les tendències del públic
Jacobo Zabalo 10-12-2009
Palau de la Música, 10 de noviembre de 2009
41è Voll Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona
Una cuestión previa, de mención obligatoria: quien suscribe estas líneas no pasó la mejor de las veladas, ni por tanto apreció de un modo especialmente reseñable la actuación del conjunto compuesto por Brad Mehldau, al piano, Larry Grenadier, al contrabajo y Jeff Ballard, contrabajo. Mención obligatoria, dado el resultado, completamente satisfactorio para la inmensa mayoría de los asistentes. Ante la manifiesta, inequívoca subjetividad de toda experiencia estética, resulta siempre complejo pretender objetivar las percepciones propias, tornarlas verdaderas como si en efecto tuvieran validez universal. Aún así, en eso consiste precisamente la experiencia del arte, una vez se enjuicia: esperar que el valor de la propia experiencia, formulada mediante proposiciones lingüísticas, alcance también al otro. Asumiendo por tanto lo relativo de aquellas apreciaciones que, de forma natural, tienden a considerarse absolutas, se trata al menos de considerar los límites constitutivos de la propia experiencia como oyente.
Sin duda alguna Brad Mehldau es un gran pianista. Demuestra gran facilidad en la adaptación de temas, en la realización de versiones, aunque quizá no tanto en el desarrollo improvisado de melodías. Sus modulaciones no denotan una gran creatividad y sí esa pos-posmoderna obsesión por el loop, que tiende a no conducir a lugar alguno. La deconstrucción debería ser, en el mejor de los casos, una recreación, la creación de algo nuevo. El Mehldau de las adaptaciones jazzísticas navega sin rumbo cuando, desde ahí, quiere profundizar en el libre juego del be-bop. Aquella propuesta radical suena a antiguo, en efecto, cuando se reflota, o se alterna junto con la melodía fácil, melodía que ya no es sólo swing sino que en ocasiones proviene del pop. ¿Por qué no convence Mehldau? La cuestión está en que su posicionamiento como intérprete es ambiguo, no decantándose por ningún estilo en particular. Lo que algunos amantes del género pueden apreciar no sin cierto criterio como versatilidad, ofrece resultados poco relevantes en cualquier dirección: no se trata de un pianista easy-listening, ensoñador y quizá excesivamente dócil como un Jacky Terrasson -por citar un ejemplo actual- pero tampoco, poniendo ya la vista en la tradición, en un intérprete de la talla de Thelonius Monk, inspirado y genial creador, que -según se cuenta- deleitó en su día a los oyentes del Palau.
Por muy influyente que se le pueda considerar en nuestros días, Brad Mehldau se encuentra ubicado entre la melodía fácil y la inventiva propiamente jazzística, con sus quiebros modales y cambios de ritmo, pero sin explotar a fondo ninguno de los dos ámbitos, algo que se pudo experimentar a lo largo de su actuación: sonaron temas clásicos como My favorite things (sin duda uno de sus mejores momentos) y temas contemporáneos, con orígenes en la música de consumo (incluyendo entre estos últimos una versión de Radiohead, regalado en forma de bis para delirio de los más acérrimos). El trío de músicos buscó el equilibrio y puede decirse que lo encontró. Sin destacar de forma específica como solistas, trabaron un discurso homogéneo, poco contrastado, que llegó a antojarse repetitivo. Las improvisaciones y respectivos solos no fueron lo brillantes que cabía esperar. Con todo, el público, vencido desde el principio, disfrutó sin complejos de la actuación, como si de un hecho excepcional se tratara. Fue un espectáculo notable, el del Palau, pero difícilmente comparable a otros eventos jazzísticos acontecidos en el mismo recinto.
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