LPC3 és la versió 3.0 de La Porta Clàssica. Un mitjà de comunicació molt proper a la realitat musical i artística més innovadora que difon i fomenta les noves iniciatives i grups creatius emergents, i que és sensible a l'opinió i les tendències del públic
Marta Vélez 16-09-2009
Sala Apolo, Barcelona
More Live organizaba un cartel de lujo para la noche del miércoles en el Apolo. Disfrutamos, como ya lo hicimos en este mismo escenario hace un par de años, de Elvis Perkins. Y de paso nos llevamos una grata sorpresa con su telonera, Dawn Landes y sus dos acompañantes. Tanto como para que hoy haya investigado un poco -¿qué hay mejor que descubrir a alguien en directo?-. Resulta que esta chica de Kentucky pero establecida en Nueva York no es precisamente una recién llegada (tiene 3 discos en el mercado), y ha acompañado a gente de la talla de Suzanne Vega, Le Tigre, Andrew Bird, Feist o M83. No está mal. En el Apolo supo llenar el escenario y ganarse a todos los presentes. Con una voz a lo Catpower pero mucho más simpática, el concierto fue "in crescendo", con algunas canciones más tranquilas y otras que hacían mover los pies casi sin quererlo, en una especie de "folk bailable". En algunos temas el ritmo se hacía más rápido, la batería más potente y la voz subía, casi gritaba, como en el último tema, que presentó como "Kinds in a play". Se hizo corto y fue perfecto para calentar la sala. Además, que alguien cante y a la vez sonría siempre es algo que me cautiva. Y no, no tocó la versión de "Yong Folks" que me chivaron que a veces toca. Una pena, seguro que le hubiera imprimido un toque muy especial.
Y con la sala que se había ido llenando durante la actuación de Dawn Landes, Elvis Perkins y su banda aparecieron en un Apolo lleno, expectante y extrañamente receptivo. Elvis apareció en el panorama musical sin hacer mucho ruido, firmando una de las sorpresas de 2007 con su debut “Ash Wednesday”, disco escrito sin prisas, como a menudo se “cocinan” los buenos discos. Puede que la curiosidad por sus orígenes ayudara a que se le escuchara, y desde luego fue todo un placer conocer su trabajo. No creo que nadie a estas alturas desconozca de quien es hijo, si así lo fuera, creo que ya puede deducirlo. “Ash Wednesday” fue un disco melancólico en el que Perkins se descubre como un cantautor cásico a lo Van Morrison o Dylan, cogiendo el legado de los malogrados Elliot Smith o Tim Buckley. Pudiendo enmarcarle dentro del folk-rock, el norteamericano destaca por su cálida voz, que lamentablemente en el concierto no estuvo al cien por cien.
"Elvis Perkins in Dearland" es su segundo trabajo que hoy presentaba en el Apolo. A Elvis se han unido un conjunto de músicos que ya habían girado con él, un gran acompañamiento que enmarca su manera desnuda de cantar, quedando respaldada por disintos instrumentos que se mezclan para llenar de matices sus composiciones. Junto a Elvis a la guitarra y su inseparable harmónica, Elvis Perkins in Dearland lo completan Brigham Brough (bajo, saxofón, voces), Boylan-Garnett (órgano, guitarra, armonio, trombón y voces) y Nick Kinsey (batería, percusión, banjo, clarinete y voces). Los nuevos temas tienen una factura propia de las horas compartidas durante la pasada gira, de modo que ha resultado un disco que bebe de más influencias que el anterior.
Con un sombrero que apenas se quitaría, plumas, collares y aspecto desaliñado, sorprendió respecto a su otra visita. Saludos varios, respuestas del público al unísono, varios "¡guapo!" y bastante conexión desde el comienzo.
Comenzó con "I heard your voice in Dresden", seguida de "Chains, chains, chains", del nuevo trabajo, y después uno de los mejores temas de su disco debut, “All the night without love”, en el que el batería agarró el bombo por primera vez. Junto con contrabajo y varias percusiones, el tema sonó redondo. También sonaron "Hey", "Emile's Vietnam in the sky" o "Hours last stand".
"Shampoo" me gusta especialmente y no me decepcionó en directo, con la harmónica y ese ritmo tan pegadizo. Después presentó tres temas de lo que dijo sería su nuevo EP. El primero, una especie de misa góspel, entonado un "The crucify the savior" bastante freak, seguido de un tema que parecía transportarnos al oeste y el último sonando al más puro estilo rock and roll. Influencias varias, todas muy "USA" eso sí.
Nada mejor que la luminosa y coral "May Day! " parar terminar, que fue subiendo en ritmo y desató la locura entre los presentes. No hubo que insistir mucho parar que salieran, aunque esta vez fue Elvis sólo el que apareció bajo una tenue luz. Sorprendió el silencio y respeto del público mientras Elvis tocaba. En el siguiente “temazo” "When you were sleeping" se irían uniendo progresivamente el resto de los músicos, primero contrabajo, después batería, trombón...progresivamente se iban encendiendo las luces y el escenario se iba volviendo más festivo. El público también, ayudando con el " uh, uh!". Es curioso como el concierto acabó convirtiéndose casi en una verbena con el último tema. Todos los músicos delante, al borde del escenario y Elvis sentado atrás. Se unió el bajista invitado, un saxo, por supuesto el bombo...y ya todos de pie, bailando y celebrando con "Doomsday". Una ovación al final y, como buenos intérpretes, un saludo al respetable.
Sólo una hora y cuarto que pasó excesivamente rápida, pero que dejó un buen sabor de boca. Quizá la voz de Elvis no estaba en su mejor día y en algunos temas sonó muy baja, es cierto. Pero la conjunción con sus músicos es magnífica y sus composiciones aguantan el tipo en directo. Puede que algunas suenen mejor y se disfrutan más en casa, las más melancólicas, pero otras realmente son para escucharlas en vivo, en compañía, en sintonía, como el final del concierto. Yo salí con una sonría de oreja a oreja, así que más no se puede pedir.
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