Hindi Zahra o la apropiación de la belleza

Gemma Solés 26-05-2011

Teatro Lara, Madrid, 14 de abril de 2011

-Si el Louvre de París, sede de la expropiación de algunas de las mayores obras de arte del planeta, es un receptáculo visual de lo bello de la historia humana, las obras que en él se exhiben son lo material y limitado de lo intangible. Como esas obras, sacadas de su contexto natural y presentadas al público europeo como maravillas incalculables, los frutos sonoros del primer disco de la marroquí Hindi Zahra, Handmade, editado bajo el inteligente apadrinamiento del sello Blue Note, son la materialización del atractivo y de lo diverso que hay en alguien que reúne particularidades culturales características del cosmopolitismo más contemporáneo. Una profunda comprensión del arte pace en la concepción de la música de la que un día trabajara en las salas de dicho museo.

Ella misma como una pieza de arte antiguo y con reminiscencias estéticas a lo Frida Kahlo, aparecía engalanada con anillos y brazaletes azules, con una falda que nos traslada a cualquier aldea campesina del Atlas y unos tacones de palmo que elevaban su menuda figura a los ojos de la sala. Con timidez y humildad manejada como carta de presentación para un estilo vocal suave y sin presunciones, empezó el concierto con una improvisada melodía sobre el amor español, enternecedora, que la capital recibió con aplausos y emoción mientras músicos y corista iban tomando posesión de sus instrumentos.  

At the same time introdujo las guitarras y percusión para seguir con el tema que abrió una ventana al mundo para lo que se ha llamado la renovación de la música bereber, Beautiful Tango, una canción que explora sin complejos, desde el acento en inglés de una hija del desierto y con la sensualidad y el encanto de su particular visión, el bagaje sonoro que el reggae o las influencias norteafricanas crean al confluir en un nuevo y fresco universo. Imik Si Mik, con el poliglotismo bereber e inglés, muestran la naturalidad en que las distintas corrientes sonoras confluyen en la música de esta alma antigua y espiritualmente enraizada al folk o chaabi de su tierra natal pero que se expresa a través del pop, el soul o el jazz de su tierra de adopción.

El concierto va desmenuzando las joyas de su primer y único disco desde una perspectiva muy intimista, en un acústico que prescinde de bajo pero que pone a su servicio múltiples elementos de percusión. Una guitarra electrificada a veces dejando relucir afrobeat, a veces remarcando un blues profundo, así como la intervención magistral de un laúd árabe que destapa las evidentes manifestaciones malienses de la música Sahariana. Reggae acústico tambaleándose entre música Raï y sintetizadores y juguetitos varios que los dos guitarristas emplean a su antojo para enfatizar los momentos más oscuros, dónde Hindi aprovecha para dejarse llevar por movimientos místicos que parecen inducir al trance no sólo a la cantante, sino a todo un público inmerso en su oasis sonoro.

Hubo sitio para Billie Holiday con la interpretación de The Man I Love, un tema inesperado y que, como a mí, aceleró el latido a más de uno. Pero sobretodo hubo sitio para que cada uno de los músicos tuviera su momento de gloria, refulgiendo sobretodo el laúd en Set Me Free, y haciendo resucitar el arroyo que Ali Farka Touré hizo germinar entre los músicos de su región, tanto como emparentando continentes y tradiciones musicales. Y con aromas de música cubana, misticismo de rizoma oriental, de sutileza brasileña en los susurros de la voz, de mbalax senegalés en las percusiones frenéticas y la entrega de un público madrileño siempre dispuesto a formar parte de lo que se cuece encima del escenario, los cambios del reggae al rock 100% vivaz y pujante, condujeron a la pura efervescencia y la incuestionable mitomanía de los asistentes después de tan solo diez canciones.

Los bises lanzaron el último gran cohete de la noche con Fascination, una muestra más de lo camaleónico de la cantante, un paseo por sus gustos musicales y por el murmuro del aire entre sus dientes esbozando dunas armónicas que van cambiando tras cada fraseo. Su mirada profunda lo reviste todo de embruje y ya no queda duda alguna de la apropiación del primor de la que un día fue absorbiendo belleza del mundo. Nos abandona con una canción que intenta en vano cantar acompañándose de la guitarra, aunque termina por cantarla a capella y con la profundidad de su voz acariciando cada uno de nuestros oídos. Ya nadie puede negar el requebrar de su llanto cantado, pero el talón baja y lo inmaterial de su belleza pasa a formar parte de cada uno de nosotros. ¿Qué puede ser esta mujer sino arte?

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