Hora de replantearse objetivos

Marta Vélez 28-07-2008

Summercase 2008

No, no me malentendáis. No es que el Summercase haya ido mal, pero una serie de cosas han hecho mella en el festival llamado a arrebatar el trono de festival del verano al FIB (el Primavera va de otro rollo y, desde mi punto de vista, no son 100% competencia el uno del otro). Se ha visto menos gente y el cartel ha dejado que desear en esta edición, más que nunca. Pero vayamos por partes. De momento, comentaremos el plano artístico y luego ya nos haremos polvo las neuronas con teorías y conspiraciones.


VIERNES


Una de las más agradable sorpresas de esta edición, ha sido la de volver a ver a Edwyn Collins muy recuperado de su infarto cerebral de hace un par de años. El set ofrecido por el británico era ideal para arrancar el festival, una mezcla de temas de medio tiempo entre las, digamos, baladas (aunque odio este término) y los temas pop más luminoso, como su mítica “A girl like you”. Vigilado en todo momento por su hijo, entre bambalinas, en su banda contaba con el exlíder de Aztec Camera, Robby Frame, a la guitarra, artífice de la solidez en el escenario de las composiciones de Collins. ABEL CRUZ

Mientras nos quejábamos de lo pesado que se estaba poniendo Ian Brown en su concierto, nos hicimos un hueco en primera fila para poder ver a los triunfadores del festival. Grinderman por fin se dejaban ver en Barcelona, tras su efímera gira de 2007 y confirmaron las expectativas: Nick Cave se encuentra muy a gusto en este proyecto más reducido pero más eléctrico, sudoroso y enérgico que los actuales Bad Seeds. Flanqueado por ese incombustible freakie que es Warren Ellis, “No Pussy Blues”, “I don’t want you to set me free”, “Get it on” o “Honey Bee” simplemente, se salían. Podría pasarme media hora hablando del bolo, pero es mucho mejor verlo que contarlo. MOONPALACE

Blondie montaron una fiesta en esta visita a la Ciudad Condal. Tocando muchos de sus éxitos de siempre, el combo parecía estar en buena forma, aunque hubo momentos en que a Deborah Harris la voz le falló y daba más la impresión de ser una especie de Alaska extranjera venida muy a menos, que el antiguo icono femenino del post-punk que fue. Muchos decían que había sido el concierto de festival, aunque después de ver a Nick Cave, eso se podía discutir sin problemas. MARTA VELEZ

Paul Banks y compañía, es decir, Interpol, son muy profesionales. Todo muy marcado, todo muy preparado, todo muy bien presentado y todo muy bien ejecutado. Solo que con el tiempo, parecen ir perdiendo un poco el juicio y les cuesta discernir cuáles son sus mejores canciones y cuáles son las “no tan mejores”. La parte central del concierto, con “C’Mere” y alguno de los cortes más flojos de su reciente obra (tan flojos que no he sido capaz ni de recordar cómo se llaman), desequilibró un concierto muy sólido donde brillaron “Pioneers to the fall” y “Lighthouse” de este último disco “Our Love to Admire”, “Evil” y “Slow Hands” de “Antics” y “PDA”, “Roland” y “Obstacle 1” de su primer larga durada. La sensación que tuve al acabar el concierto es que, parece que el final del trayecto está más cerca para ellos que para muchos de sus coetáneos (Franz Ferdinand, Bloc Party o Editors) y que se les están acabando los recursos estilísticos, cuando sobre el papel, ellos tendrían que ser los que más lejos deberían llegar, teniendo en cuenta el nivel con el que empezaron. El tiempo dirá. ABEL CRUZ

Para acabar el día, primero, The Verve. Ya sabréis que los ingleses, amigos y protegidos de Oasis, volvían al redil después de muchos años y, pese a que las críticas de su tour hasta el momento ha sido mixtas, en Barcelona estuvieron en forma, sin apenas problemas o indecisiones, tanto al afrontar los temas de siempre (os ahorro los títulos porque ya los conocéis), como los nuevos que testaron y que dan a entender que el nuevo disco que piensan editar en breve, puede ser una de las sorpresas del año. MARTA VELEZ

Después de The Verve, una de las revelaciones del año, Midnight Juggernauts. Los de Melbourne desplegaron, aún siendo un trío, un muro sonoro deslumbrante, con una percusión que quita el hipo y una inteligente combinación de bajo, guitarra, teclados y voz de sus otros dos miembros. “Temazos” como “Dystopia” o “Into the Galaxy”, sonaban galácticos (es lo que tiene, con ese título) e intensos. Se pueden bailar pero también escuchar con detenimiento los detalles que plagan cualquiera de sus canciones o quedarte pasmado con semejante habilidad con la batería. Se les asocia con el Bowie berlinés, con Kraftwerk o con Faust, pero yo añadiría unos 10 niveles de volumen de más a estas referencias. Tocaron a las chorrocientas de la noche, pero ¡qué ganas! MOONPALACE


SÁBADO


Entrevistados en abril por este medio (y por muchos otros también), Shout Out Louds regresaban después de tres meses para refrendar lo visto en la sala Razzmatazz: que su pop luminoso gana enteros en vivo, pese a no sonar tan hinchado como en vinilo. Las canciones se agilizan y se sueltan, llegando más fácilmente al público. Adam Olenius, vocalista del grupo, se ganó al respetable luciendo una camiseta del Barça con el nombre de Messi y el resto del grupo se mostró comunicativo y agradecido de estar de nuevo en Barcelona. Como en el caso de Edwyn Collins, un buen concierto para empezar el día. ABEL CRUZ

El combo galés Los Campesinos! fueron una de las sorpresas del segundo día. Un colectivo más que un grupo, los siete jóvenes admiradores de melodías cercanas a lo que tocarían Art Brut, congregaron una amplio aforo (cercano a las 2.500 personas) hecho este que agradecieron repetidamente y dedicaron alguno de sus temas, como “You! Me! Dancing! ” a ese público, que dejó de ver primero a The Breeders (muy pasotas) o los Stranglers (de los que hablaremos acto seguido), para ver a un grupo honesto, pese a no haber descubierto la sopa de ajo. MARTA VELEZ

The Stranglers eran uno de los motivos de que al festival asistieran, quizá más que de costumbre, muchos guiris ingleses. Pero eso, el hecho de tener a un buen puñado de puretas cerveceros ya ganados de antemano, no fue excusa para que el cuarteto inglés se relajara y tratara el festival como un mero trámite. El clásico “No more Heroes” culminó un concierto de un grupo con mucho oficio y que pese a ser ya muy longevo, no se ha convertido en una caricatura de sí mismo, como los Sex Pistols. Sin más. ABEL CRUZ

Los escoceses Mogwai ofrecían en exclusiva para el festival, un concierto donde repasaban, de principio a fin, su clásico primer disco “Mogwai Young Team”, recientemente reeditado, al cumplir diez años. Se puede constatar que el disco no ha perdido un ápice de su sonido experimental, tanto en los temas más agresivos - “Like Herod” - como en los más atmosféricos - “Radar maker” o” Yes, I am a long way from home”. Especial aparición, la que hizo el ex-Arab Strap, Aidan Moffat, para cantar “R U still In 2 It? ”, dejando patente su sensibilidad vocal y también su saque, dando cuenta de tres latas de cerveza en cinco minutos (es uno de mis héroes). El único momento malo del concierto fue cuando Barry Burns hacía el solo de flauta en la sección central de “Mogwai Fear Satan”, mientras de fondo se oía a Johnny Rotten eructar “Anarchy in the UK”. Es decir, que no fue por culpa del grupo. Prueba de que el bolo de los escoceses fue de lo mejor del festival. MOONPALACE

The Raveonettes son un caso curioso. Si en la que fue la anterior visita del grupo, fallaba Sune, la parte masculina del grupo, esta vez fallaba su compañera, Sharin Foo, por maternidad, siendo reemplazada por su hermana gemela. La fórmula del grupo danés poco ha variado desde su anterior visita, con su rock, a veces con tintes surferos, a veces con tintes más experimentales y noise, que congregó una buena cantidad de público. En un bolo de casi una hora, repasaron lo más sólido de su carrera, en un bolo más que digno. En directo, son una garantía de buena música. MARTA VELEZ

Y de un bueno bolo, a otro también muy bueno, pero que nos cabreó soberanamente. Leila, ex-teclista de Björk, entre muchas otras proezas, empezó el que sería un corto concierto, mezclando a partes iguales, melodías electrónicas y canciones con diferentes vocalistas (como el ex-líder de The Specials, Terry Hall) y que, incomprensiblemente, tras siete fantásticos temas, se vio obligada a abandonar el escenario, entre disculpas y apresuradamente. Por una vez que una artista electrónica como la iraní, demuestra que este tipo de música puede ir más allá de la atmósfera o de la mera yuxtaposición de sonidos y pajas mentales de muchos otros supuestos artistas del género (no diré nombres para evitar una querella), por favor, señores organizadores, no paguen con ella el retraso en los horarios de ese escenario. Un auténtico borrón en la calidad del festival. ABEL CRUZ

El proyecto Neon Neon de Gruff Rhys, vocalista e ideólogo de Super Furry Animals, se antojaba interesante a priori, pero flotaba en el setlist del grupo una perpetua parodia de todo lo ochentero. Quizá por ello, su directo no acabó de cuajar, siendo ya más de las dos de la madrugada. Quizá en un horario más temprano se podría haber apreciado más lo festivo de su propuesta. MARTA VELEZ

Para acabar el festival, fuimos a ver a Foals, una de la últimas (o penúltimas o antepenúltimas) esperanzas blancas del pop-rock británico. Tienen mucha habilidad instrumental, no cabe duda, pero una jam de inicio del concierto que se alargó en exceso, dio paso a una serie de temas funk, con mucha guitarra, muy eléctricos y muy pesados, porque el primero era igual que el siguiente y que el de después. Rítmicamente eran buenos, pero hay que ponerle un poco más de imaginación. A mi juicio, ni jartos de vino superaron a Midnight Juggernauts (los comparo por el factor bailable), y eso que Foals son cinco sobre el escenario. MOONPALACE


Organizativamente, la maniobra de hacer el Daydream Festival, le fue bien a Sinnamon para pulir y probar cosas de cara a la organización del Summercase ’08 . Y la verdad, es el año en que mejor lo han hecho. No ha dado a sensación de improvisación y dejadez que en anteriores ediciones. Les hace falta tener más tenderetes de venta de música que acompañen a los de las marcas, ya que la imagen general que da el festival es demasiado corporativa.

En cuanto al tema del público, que es lo que hemos mencionado someramente al principio, los organizadores se han de plantear el tema de contraprogramar. Está bien competir con el FIB, pero resulta, como todos sabéis, que el festival del mediterráneo se sacó de la manga la ramificación de Madrid y, huelga decir que, si bien gente como Morrissey o Siouxsie están mayorcitos (y él, bastante acabado física y artísticamente), el cartel fue lo suficientemente atractivo como para restar afluencia al Summercase en la capital. A eso se suma que en Barcelona, también fue menos gente al festival y más de uno seguramente lo hizo para poder ver a Bruce Springsteen, que tocó dos días seguidos en el Camp Nou. Esas pueden ser algunas de las causas del pinchazo del festival (tampoco haremos ahora una tesis), a las que se le puede añadir un cartel algo extraño, con viejas glorias (o cadáveres) y algunos grupos nuevos, una serie de grupos catalanes metidos con calzador a última hora y otros traídos a golpe de talonario.

A ese respecto, y entrando en si el festival puede ser rentable o no, se ha comentado mucho el tema de los honorarios de los grupos en los conciertos y festivales en España. De hecho, en la revista Rockdelux se dedicaron varias páginas de los números de junio y julio a comentar el tema con los máximos responsables de los diferentes festivales, tanto grandes como pequeños, de la piel de toro. En el caso de Sinnamon, se dejó bastante claro en este reportaje de la revista, que lo que se comenta sobre ellos es más bien una mentira tan grande como el ego de Johnny Rotten, pero las declaraciones de Florent, guitarrista de Los Planetas en el diario El País, dan que pensar: Según Florent, Los Planetas han puesto su caché en 50.000 euros por concierto, para dar menos bolos y poder atender a sus proyectos paralelos. El músico afirmaba, asombrado, que aún así seguían recibiendo bastante llamadas para tocar por toda España y que, para los festivales de este año, sugería que solo tocarían en aquel que les pagara más – el Summercase, en este caso. Se ha comentado que lo que han llegado a cobrar, superaba sus honorarios medios y que el montante rondaba los 60 o 65 mil euros (en la entrevista de El País se nombraba a ese gran grupo de “calidad”, Pereza, que cobran 45.000€ por bolo). Teniendo en cuenta que eran el último grupo en tocar en el escenario principal, pasadas las 2 de la mañana, no quisiera saber lo que han cobrado y las “putadas” que les habrán hecho a los organizadores, gente como los Pistols o Grinderman (en esta página se dijo que quizá el afán recaudatorio del promotor del reciente concierto de los Bad Seeds, Sinnamon, hizo que se cambiara Razzmatazz por el Pabellón Olímpico de Badalona, cosa que no es cierta y que desde aquí, rectificamos, ya que por lo visto, el señor Nick Cave tiene gran fama de pesetero).

Cierto es que Los Campesinos! no cobrarán lo mismo que Mogwai, pero que los cerebros de Sinnamon se empeñen en negar una política de pagos a artistas y que luego, uno de esos artistas dé a entender algo radicalmente opuesto, es algo para reflexionar. Y ya no nos metamos en el tema de los patrocinadores.

Intentando ser objetivo, la curva de calidad del festival ha ido decayendo paulatinamente desde esa primera edición, en 2006, cuando los organizadores trataron de ser una alternativa indie fiable al Primavera Sound y al FIB. Actualmente confían cada vez más en grupos de cierto éxito comercial (en su pueblo, mayoritariamente) y viejas glorias que en grupos más, digamos, creativos. De acuerdo que es algo muy difícil de medir, pero las cifras cantan, el perfil medio del público que asiste también, ya que viene mucha gente de fuera (por la época del año y por el tirón turístico de las dos ciudades) o gente de fuera que vive, en el caso de Barcelona, en la Ciudad Condal (mucha gente joven del tipo Erasmus). Cuando abandonas el recinto el festival, te quedas con una cierta sensación como de que el festival es como un gran parque temático de la música, como si la música fuera algo secundario al negocio, un pretexto para montar un tinglado, algo. Y con un poco más de cabeza, solo un poquito más, habría más calidad y el festival sería más respetado.

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