LPC3 és la versió 3.0 de La Porta Clàssica. Un mitjà de comunicació molt proper a la realitat musical i artística més innovadora que difon i fomenta les noves iniciatives i grups creatius emergents, i que és sensible a l'opinió i les tendències del públic
Marta Vélez 30-10-2009
La [2] Apolo, 20 de octubre de 2009
El martes 20 de octubre pudimos disfrutar de nuevo en la [2] de un gran concierto en "petit comité". Es lo bueno de las salas pequeñas, la intimidad que se puede llegar a crear, más cuando el artista requiere esa cercanía que desde luego, es la marca de la casa de John Vanderslice.
Calentaron los tarraconenses The Mighty Fools, que agradecieron la oportunidad de abrir la velada. Comenzaron con un par de temas en catalán, pero al tercero, Mother cambiaron al inglés. Fueron presentando sus temas, como Bridge to, Half and half o What she gathers, esta última con harmónica. Se les notaba cierto nerviosismo y no terminaron de engancharme, quizá por lo heterogéneo de su propuesta: cada tema parecía demasido distinto al anterior, no sólo por el cambio idiomático, sino que no terminé de encontrar un estilo demasiado propio. Aún así, mejoraron progresivamente y el último tema I was someone sonó realmente bien, el cantante sólo con la acútica y subiendo en intensidad.
En febrero de 2008, cuando pude verle en al misma sala, John Vanderslice prometió que volvería para presentar su nuevo disco y, efectivamente, ha cumplido su palabra. Lo cierto es que no lo dudaba. Su nuevo trabajo, (el séptimo ya), Romanian Names ha tenido una gran acogida en EE.UU y aquí comienza a sonar insitentemente en Radio 3, como ya sonó Emerald City (2007), su anterior trabajo.
En menos de una década nos ha cautivado a todos con una extensa discografía, que engloba desde Mass Suicide Occult Figurines (2000), Time Travel Is Lonely (2001) pasando por Life And Death Of An American Fourtracker (2002), Cellar Door (2004) y Píxel Revolt (2005), este último posiblemente su disco más destacado. Antes de comenzar con sus propias grabaciones, Vanderslice fundó el selló Tiny Telephone en 1997, donde ha trabajado con bandas como Spoon, Okkervil River o Death Cab for Cutie, a los que teloneó y, por lo que he leído, dejó en evidencia. Tras su fichaje por la discográfica Dead Oceans (Akron Family, Bowerbirds, Dirty Projectors), John Vanderslice venía con ganas de enseñarnos sus nuevos temas. Como cantautor intimista y comprometido, no extraña que el título del nuevo disco esté sacado del nombre de una zona de seguridad de Bagdag: la guerra, como marco de sus historias, ha sido una constante en su música. John Vanderslice apareció sonriente, con esa cara de buen tipo, casi de "vecino de al lado", en su ya habitual formato de trío junto a Ian Bjornstad a los teclados y Jason Slota a la batería. Desde los primeros temas se vio que, efectivamente, iba a hacer hincapié en Romanian Names, ya que comenzó con Too much time y Sunken union boat, ambas de este último álbum. Sonaba más intenso que en las grabaciones, ya que éste es quizá su disco más tranquilo, pero en directo se aprecian mejor los matices y sus cambios rítmicos junto a la fuerza de la batería y los platillos. Afable y hablador, nos dijo que estaba muy contento de volver, e incluso nos explicó técnicas para no derramar de nuevo agua sobre los teclados.
Continuó con Tablespoon of codeine de su anterior trabajo y White plains (Cellar Door). Retomó las nuevas composiciones con D.I.A.L.O, pero no se olvidó de temazos como Angela con el comienzo acústico y guitarrazos finales, o Trance manual (Pixel Revolt). Sonó Lucifer rising de su EP a medias con The Mountain Goats y The tower. Dejó la presentación de nuevos temas con Oblivion y tocó temas variados de su discografía, como Underneath the leaves o la aclamada Pale Horse.
Esta vez no subió a "su amigo Carlos" -de la sala Apolo- al escenario, pero ya sabía yo que acabaría saliendo en esta crónica, ya que John le dió efusívamente las gracias con un "Carlos, I love you!".
Y para semi cerrar, Up Above the sea (Cellar Door) que sonó grandiosa. John y su banda son sin duda grandes músicos que multiplican los sonidos, como el bateria tocando a la vez los teclados con una mano. Por cierto, incluso nos contó que llevaban un sintetizador moog del 82 y otro teclado de finales de los 70. Saben como sacarles partido, eso seguro.
Y, no por esperado, deja de ser genial saber que el final va a ser especial. Al menos las tres veces en las que le he visto así ha sido. Si en el Auditori del Fórum tuvimos la suerte de que nos cayera justo al lado su "mini conciertito", en febrero de 2008 también en la [2] acabamos todos sentados en círculo cual boy scouts. En esta ocasión bajaron del escenario y tocaron los 3 temas de los bises con el público alrededor, de pie y rodeando al trío. Nos pidieron acercarnos más, hasta casi rozarles, mientras sin micros nos deleitaban con sus propias versiones casi desnudas. La primera fue Keep the dream alive, casi susurrada a tres voces, con tambor y acordeón. Después Time to go, a la que se unió el xilófono.Y para cerrar, y tras dejar clara su petición de una "dance party" para después, el tema Nikki oh Nikki.
Faltaron unas cuantas, como White dove o Kookaburra. Esta última, según el set list que de todos modos no era exactamente igual a lo que fue el concierto, parecía que pensaban tocarla si volvían a salir... ¿Quizá no insistimos demasiado? Supongo que estábamos satisfechos. Una vez más John Vanderslice nos cautivó con su sencillez, con cómo trasladaba sus canciones al directo con más fuerza que en los discos, con cambios de ritmo únicos y con esa humildad de quien no necesita más que la complicidad del público para salir y darlo todo.
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