LPC3 és la versió 3.0 de La Porta Clàssica. Un mitjà de comunicació molt proper a la realitat musical i artística més innovadora que difon i fomenta les noves iniciatives i grups creatius emergents, i que és sensible a l'opinió i les tendències del públic
Marta Vélez 30-10-2009
Auditori i Palau de Congressos de Girona, 17 de octubre de 2009
La única vez que vi a José González en noviembre de 2007 en la sala 2 de Razzmatazz en Barcelona, hice una petición, mi ultima frase en la crónica fue "(...)La próxima pido un auditorio para él. Sin duda, pondrá los pelos de punta". Pues bien, mis deseos han sido cumplidos casi dos años después con el magnífico escenario donde he podido volver a disfrutar de él y donde, efectivamente, ha habido momentos en los que se nos pusieron los pelos como escarpias. Brutal.
Me hubiera conformado con una sala, pero fue ni más ni menos que un auditorio, el Auditori i Palau de Congressos de Girona, donde apenas 15 días antes disfrutamos del concierto de Manel. Un recinto con un sonido magnífico, un marco perfecto para escuchar al sueco.
Si Manel llenaron la sinfónica, no logro concebir que medio auditorio quedara vacío en esta ocasión, pero así como los catalanes son profetas en su tierra, José González puede haber quedado en alguien a quien disfrutamos una minoría. No importa, llamadme elitista, pero puede que sea como ese lugar secreto que prefieres que no todo el mundo conozca, un placer para disfrutar entre unos pocos. Quizá su nueva mini gira ha pasado desapercibida porque ni siquiera ha venido a presentar disco, e increiblemente no tocó ningún tema nuevo. Nos tuvimos que conformar con temas de sus únicos dos discos anteriores, el Our Nature o su increible debut, Veneer.
No importó, nadie pudo quejarse ante semejantes temas, cantados con una sensibilidad fuera de lo común. Tímido como siempre y comedido, irrumpió con su guitarra española ante aplausos, en un escenario casi desnudo. Sólo con unas tenues luces y unas telas con ilustraciones, ya que, al igual que su música, el entorno para disfrutarla no necesita ornamentos. Comenzó con Deadweight on Velveteen y ya pudimos comprobar que el sonido era nítido y preciso.
El público permaneció en un silencio absoluto, inusual y de agradecer. Aún recuerdo que en la sala Razzmatazz las últimas filas estaban, inexplicablemente, a otra cosa. Al terminar, por fin oímos su perfecto castellano -no en vano se llama así por sus raíces argentinas- cuando dijo: "Buenas noches, bienvenidos. Soy José González, de Suecia" justo antes de tocar Hints y Fold. Presentó The nest y tocó Broken arrows, donde sonó una trompeta, que pensé que estaba pregrabada (nunca me gusta esto de escuchar cosas que no veo) pero no, resultó que desde la mesa alguien la tocó, ya que el cantante le dio las gracias. Nos quedamos hipnotizados con All you deliver, que sonó hasta tenebrosa y que encadenó con Stay in the shade. Llegó el turno de Lovestain, una de las mejores canciones de su disco debut, Veneer, y la rítmica Down the line, percutida con el pie.
Volvió la calma con la instrumental Suggestions, donde demostró su destreza con la guitarra. Y sin darnos ni cuenta, llego uno de los momentos más esperados de la noche: su versión del tema Hearbeats del grupo The Knife, famoso por ser utilizado por Sony en su anuncio de Bravia, para el cual se usaron 250.000 pelotas de colores reales rebotando por las empinadas calles de San Francisco. Versión que ha hecho tan propia que a veces me olvido de que no fue escrita por él y cuya original, del álbum Deep Cuts del dúo sueco, me gusta bastante menos.
Y sin que nos diera tiempo a reponernos, comenzaron los acordes de su primer single, la increible Crosses que realmente emociona en directo.
José volvió a hablar para presentar la versión del tema de Kylie Minogue, una irreconocible Hand on your heart para terminar con otra cover, la sensible y magnífica Teardrop de Massive Attack, mejorando, si cabe, la original. Sonó más alta que todo el resto del concierto, totalmente envolvente, y nos dejó absortos. Tanto, que casi no nos dio tiempo ni a darnos cuenta de que José abandonaba el escenario y de que se acercaba el final.
Salió mientras continuaban los aplausos sinceros, de quienes quieren más. Con la copa de vino llena en su mano, se volvió a sentar y nos deleitó con la cálida How low. Su personalísima versión de Love will tear us appart de Joy Division, puso el punto y final.
Sólo 50 minutos, y faltando temazos como In our nature o Cycling trivilalities. Pero por increible que parezca, nadie ha protestado, nadie ha dicho nada. Las espectativas estaban ya colmadas. Quizá este tipo de recitales son para degustar, como el buen vino, en pequeños sorbos. Triunfó José González con "sólo" su voz y su guitarra , triunfó de nuevo la sencillez bien entendida, las atmósferas que con tan pocos medios es capaz de lograr y el poder de las letras y la insinuación. La anterior vez pedí un auditorio y ya lo he tenido. Ahora sólo pido un nuevo disco pronto...y que venga a presentarlo, claro está.
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