LPC3 és la versió 3.0 de La Porta Clàssica. Un mitjà de comunicació molt proper a la realitat musical i artística més innovadora que difon i fomenta les noves iniciatives i grups creatius emergents, i que és sensible a l'opinió i les tendències del públic
Jacobo Zabalo 28-06-2010
Staatskapelle de Weimar y Orfeón Donostiarra; Leopold Hager, dir.
L'Auditori, 24 de mayo de 2010
Temporada Ibercamera
La Staatskapelle de Weimar demostró, en su nueva visita al Auditori, que sigue siendo una de las orquestas más en forma del panorama musical. Leopold Hager, director carismático, buen conocedor del repertorio clásico y del primer romanticismo, proporcionó una lectura viva, si bien no especialmente analítica de la Sinfonía nº1 en re mayor, D82 de Franz Schubert. Fue un acierto comenzar con esta creación temprana, en que el compositor apunta ya la capacidad musical que culminará en sus dos últimas obras sinfónicas, seguramente más célebres (la novena y octava, esta última, como se sabe 'inacabada'). A pesar de la ligereza de la composición que inaugura el sinfonismo schubertiano, compuesta con sólo dieciséis años, la orquesta se mostró contundente en su interpretación. Quizá se tuvo en cuenta el drama de su autor, condenado a vivir bajo el peso metafórico y real de la producción de Beethoven. De hecho, ni siquiera esta alegre sinfonía pudo ser estrenada en vida de Schubert.
Para la ejecución de la Sinfonía nº2 en si bemol mayor, op.52, de Félix Mendelssohn, sin duda el plato fuerte de la velada, se requirió la intervención de uno de los conjuntos corales más reputados de la península, con gran presencia asimismo a nivel mundial. Tras los tres primeros movimientos, instrumentales, el Orfeón Donostiarra abordó la partitura de este "Canto de loanza" con solemnidad y empuje, perfectamente cómodo con los tempi promovidos con criterio cambiante por el director. Como en la primera parte la orquesta rindió a buen nivel, ofreciendo una versión más poderosa que precisa. Los solistas, la soprano Ruth Ziesak y la mezzo Rebecca Martin, junto con el tenor que sustituyó a Herbert Lippert, proporcionaron lecturas aceptables, si bien un tanto desiguales. El timbre de Ziesak sonó en exceso operístico, como edulcorado, contrastando con la discreción de la mezzo, que no cantó inter pares (en principio la composición es para dos sopranos). El tenor se mostró dubitativo en su entrada pero mantuvo el tipo con dignidad, sobre todo teniendo en cuenta su condición de suplente.
Compuesta para celebrar la invención de la imprenta por Gutenberg, esta segunda sinfonía de Mendelssohn rezuma espiritualidad, busca evocar el misterio en muchos de sus pasajes. Sin embargo, tanto la Staatskapelle Weimar como el Orfeón Donostiarra se posicionaron sin ambages, evitando algunas de las sutilezas de la partitura y de los textos, fragmentos escogidos de la Biblia Luterana. No se percibió atisbo de aquella religiosidad introspectiva pero sí en cambio una vehemencia interpretativa de lo más exultante, que ciertamente encandiló al auditorio. Así, el elemento festivo de la composición se mantuvo a pesar de todo, confirmando que la música de Mendelssohn posee un potencial de significación tal que trasciende las circunstancias que la motivaron en su momento. Algo semejante sucede con otra de sus composiciones más gloriosas, la Sinfonía nº5, "Reforma".
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