Más Ysaÿe

Jacobo Zabalo 29-12-2010

Lorenzo Gatto, violín y Eliane Reyes, piano

L'Auditori, 2 de diciembre de 2010

-El joven violinista Lorenzo Gatto, perteneciente al programa ECHO Rising Stars (programa que ofrece a los músicos más prometedores de Europa la posibilidad de tocar en algunas de las principales salas de concierto) ofreció un recital completo y ameno, dando buena muestra del talento y el potencial que atesora. Acompañado por Eliane Reyes al piano, inició su presentación con la hermosa Sonata para violín y piano en si bemol mayor, K.454, de Wolfgang Amadeus Mozart. Una pieza majestuosa, que abre la puerta a la relación inter pares que Beethoven llevará a la máxima expresión con obras tan emblemáticas como la Sonata Kreutzer (composición que, como se sabe, dio pie al relato homónimo de Tolstoi, en que se fabula precisamente en torno a las consecuencias afectivas de esa estrecha relación entre violín y piano).

La pieza de Mozart se halla exenta de todo manierismo, aspecto que la confirma como clásica en el sentido más noble de la palabra. Contiene momentos de alborozo y también pasajes de introspección, pasajes de factura delicada que Lorenzo Gatto supo interpretar acertadamente, extrayendo de su violín un sonido bien definido, ligero pero penetrante. El lenguaje mozartiano requiere una predisposición especial, en que el lucimiento se deja de lado a favor de la propia música. No tuvo lugar, en este sentido, ningún exceso interpretativo por parte del violín. Menos aún desde el piano, si bien por razones otras: Eliane Reyes, algo rezagada en su acompañamiento, apenas levantó la mirada de la partitura, con lo que por momentos amenazó con lastrar aquella ligereza. La pieza de Chaikovski, el Vals-Scherzo op.34, se avino algo mejor a este modo interpretativo, al igual que la Introducción y Rondo caprichoso de Camille Saint-Saëns; dos obras que el violinista, por su lado, atacó con virtuosismo, explorando los recovecos no siempre sutiles de la emotividad romántica.

Tras una breve pausa el recital se retomó con la que probablemente fuera la interpretación más lucida de la velada: la balada de la Sonata, op.27 de Eugène Ysaÿe. Compositor belga como el propio violinista (que demostró una empatía encomiable para con él) se inspiró en las obras de Bach durante la composición de esta pieza para violín solo, que data de 1924. Lorenzo Gatto hiló un discurso de gran complejidad, sin dubitación de ningún tipo, potenciando de forma insólita la polifonía (¿alcanzada acaso sólo por el propio Bach?). Fue una magnífica exhibición de las posibilidades sonoras de su instrumento, que dejó a los oyentes con ganas de más Ysaÿe.

El recital se cerró con la interpretación de la Sonata para violín nº2 de Prokofiev. Eliane Reyes volvió a escena, más entonada que en la primera parte, para realizar una interpretación comunicativa y profunda, en perfecta sintonía con el violinista. La obra, de 1944, contiene algunos toques desasosegadores, sin llegar nunca a la radicalidad de otros compositores coetáneos. El modelo clásico no deja de estar presente en Prokofiev, a pesar de las aventuras y desventuras epocales. Fue un acierto programar esta sonata a modo de conclusión, pues vino a cerrar el evento abierto por Mozart, añadiendo registros ausentes asimismo en las subsiguientes obras románticas. Los bises, eso sí, rompieron la línea desarrollada. En primer lugar la pianista animó al auditorio a celebrar conjuntamente el aniversario del violinista, improvisando al piano por sorpresa (estaba bastante preparado...) un simpático happy birthday. El bis, propiamente dicho, fue la famosa Czarda de Vittorio Monti, ejercicio de malabares al violín que contrastó y seguramente completó la propuesta desplegada hasta entonces.

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