Nacho Duato i la Compañía Nacional de Danza

Jacobo Zabalo 25-06-2008

Teatro Tívoli, 25 de junio de 2008

Compañía Nacional de Danza 2
Nacho Duato, director artístico
Coreografías de N. Duato y G. Doda

Remansos abrió la función inaugural, el 25 de junio, dentro de la primera serie de actuaciones (del 1 al 6 de julio el programa sería otro). Con coreografía de Nacho Duato y música de Enrique Granados, un piano marca los tiempos; y, como en el mecanismo interior de un reloj, los bailarines se mueven, precisos e imprevisibles en las contorsiones que describen. La juventud de los mismos se aprecia menos en la técnica con que acometen la obra y sí algo más, en cambio, en la espontaneidad interpretativa. Quizá por tratarse de la obra de apertura, una cierta rigidez resulta perceptible, lo que no impide que se reproduzca con gracia ese juego entre curvas y rectas, que interpretan a dúo, trío, de nuevo dúo,… en una sucesión casi infinita de reagrupaciones mecánicas y aleatorias, sincrónicas y sincopadas.

Sin lo cual no es una obra de reciente confección (su estreno data de noviembre del 2007) en la que Gentian Doda, coreógrafo, pretende retratar el frenesí de la actividad humana. Lo cierto es que se nos muestra una manada de seres que se agrupan y disocian, en consonancia con el martilleo cimbreante de fondo. A la individuación le sigue la mimetización: se repiten siempre los mismos procesos, progresan comportamientos incomprensibles, propios de autómatas animalescos, que se fijan, son adoptados por la masa. La música que bailan estas formas de vida pre-racional es un ruido de motores, un rugir que crece y se modula, con connotaciones militares: al desorden le sucede la imposición del orden, y de nuevo adviene el caos. Los jóvenes transmiten (con mayor pregnancia que en la primera pieza) la rabia implícita en un ritmo de vida conocido por todos los presentes. Lo que al espectador le llega, en efecto, es la representación estética de un ethos familiar: la avidez de novedades, la diferenciación recayendo en pura imitación y, finalmente, la imposibilidad de detenerse un solo segundo para contemplar la propia senda. La pieza, no precisamente optimista, comunica un sinsentido: lo informe que está a la base de toda búsqueda, sin lo cual no; lo informe que aspira ser superado, aunque, por lo sugerido, no siempre con la mejor de las fortunas.

Gnawa, tercera de las piezas programadas (también, como la primera, con coreografía de Nacho Duato) es una abierta invitación al baile. Definitivamente, fue en ésta cuando el grupo de jóvenes de la CN2 se sintió más a gusto sobre el escenario. Se produjo entonces un estallido de sensualidad, el goce mismo de la danza, exento de cualquier manifestación ideológica o alegórica, a diferencia de las dos obras anteriores. Con reminiscencias mediterráneas y alusiones al folclore del Magreb, los ritmos se antojaban próximos, aun siendo exóticos. Los jóvenes bailarines brindaron, en esta obra de cierre, una exquisita y apasionada muestra de su incipiente profesión

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