Jacobo Zabalo 12-01-2011
Tangram, de Manel Camp Quartet
Vesc, 2010
Bajo la inspiración creativa del Tangram, el juego de combinaciones que recrea mundos a base de siete figuras geométricas, Manel Camp y sus músicos (Matthew Simon a la trompeta, Horacio Fumero al contrabajo y Lluís Ribalta en la batería) elaboran una serie de melodías sin título, con la sola indicación de las siete letras que componen la palabra que intitula el disco. Son melodías sencillas, que van creciendo y progresan de forma natural, con la espontaneidad del juego en el niño. La música, muy especialmente el jazz, ofrece como pocos artes esta capacidad para crear y recrear mundos, para desordenar y reconstruir la ordenación implícita en la idea misma de cosmos. ¿Existe objetivamente una ley musical? Desde los pitagóricos las especulaciones han sido muchas, y lo que en nuestros días predomina es, en el mejor de los casos, la búsqueda. Una búsqueda que en el presente tiene lugar bajo el signo de la honestidad, sin grandes aspiraciones ni vuelos desmedidos. No se trata este de un disco experimental, ni seguramente pretenda serlo (a pesar de que en el libreto se hable de exploración, que habríamos de entender en términos de búsqueda antes que de improvisación o innovación). Manel Camp, pianista y cerebro de este proyecto, se sumerge y crea con un pie en el jazz más clásico, de agradable consumo, dando un nuevo giro de tuerca al easy-listening de los años cincuenta del pasado siglo. Es de esperar que el resultado resulte satisfactorio tanto para el oyente familiarizado con el género como para quienes no acostumbran a escuchar jazz. En este sentido representa una fantástica invitación a la escucha, una apertura a las posibilidades creativas y recreadoras de la música.
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