Jazz con cuerdas

Jacobo Zabalo 11-06-2010

Tenderly, de Jazzlantida

-Una propuesta arriesgada, la de interpretar con instrumentos de cuerda piezas jazzísticas, standards como Tenderly o Misty a los que Ana Ramallo, en el epicentro del conjunto Jazzlantida, pone voz. Es en efecto novedosa esta formación, y su disco debut Tenderly (presentado con éxito en la Sala Apolo, el pasado mes de marzo) la muestra más evidente de que la actividad musical de nuestro país goza de una buena -si bien siempre mejorable- salud. La mitad del conjunto Jazzlantida proviene del mundo de la clásica (las cuatro cuerdas, propiamente dichas, a las que se suman contrabajo, guitarra y voz). El resultado apenas deja entrever la disparidad formacional, pues los seis temas grabados se escuchan de un tirón y con sumo gusto, en buena parte por la frescura que desprenden los intérpretes.

Los temas del CD en que la apuesta musical se aprecia con mayor eficacia parecen ser aquellos en que el cuarteto de cuerdas lleva la voz cantante, como en el fantástico Indian Summer (cuarto tema, y no quinto, como aparece listado). La propuesta no acaba de cuajar, en cambio, en el inicial Love me, tema en que se las percibe un tanto azoradas detrás del beat de contrabajo y guitarra. Pese a todo el riesgo contrario, el predominio indiscriminado de las cuerdas, supone abocarse a la comparación con la consumible música de ascensor. Siendo jazzística la propuesta, se echa de menos algo más de espontaneidad, más libertad por parte de los instrumentos de cuerda. Pero lo cierto es que conciliar la improvisación del jazz con la técnica que requieren estos instrumentos no es nada fácil. Muy pocos, unos privilegiados son los que, sin partitura a la vista, hacen uso virtuosístico de sus instrumentos.

Han pasado ya bastantes años desde que el violín de Stéphane Grappelli, provocador y emotivo, deleitara a los amantes del Jazz. Grappelli prefirió el ambiente de pubs y cafés de Saint-Germain a la seriedad ritual de las salas de concierto, donde podría haber triunfado como solista. Precisamente, existen varios registros (algunos en vivo) en que dialoga inter pares con Yehudi Menuhin. El concertista y director clásico demuestra estar a la altura, acepta el envite y aprueba con nota el arte del swing. La propuesta de Jazzlantida (obviamente mucho más modesta en su búsqueda de una sonoridad de conjunto, con la voz en primer plano) representa una opción interesante, en la medida que dignifica la música easy listening e inaugura una senda poco transitada en los últimos tiempos.

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