Jacobo Zabalo 10-01-2011
Missae, de Johann Sebastian Bach
Collegium Vocale Ghent. Phillippe Herreweghe
Virgin Classics (Veritas), 2010
Además de la famosa Misa en si menor se conocen cuatro otras misas compuestas por Johann Sebastian Bach; unas misas, las aquí grabadas por Phillippe Herreweghe y el Collegium Vocale Ghent, con una estructura semejante a aquélla pero de menor extensión, que se caracterizan por reproducir con variaciones pasajes de otras piezas suyas. Fue una práctica habitual en este compositor, la de reformular o transcribir música para ocasiones y formatos diversos. Sobra decir que la noción de originalidad, así como la búsqueda a toda costa de la autenticidad, de una cierta verdad estética, son productos del Romanticismo y de la era postmoderna en general; nociones que apenas conoce un Clasicismo todavía en ciernes, cuando Bach (en torno a los años treinta del siglo dieciocho) compone estas obras para el servicio religioso.
Aunque aparecidas ya anteriormente, el sello Virgin ha optado por reeditar y completar así, en el marco de su fantástica serie económica (Veritas), el ciclo de grabaciones bachianas por parte del meticuloso, infatigable director de orquesta belga (tras la aparición de una selección de Cantatas y la gran misa, antes aludida). Phillippe Herreweghe es predominantemente sobrio, y sus versiones acostumbran a rehuir la pomposidad dramática de otras aproximaciones historicistas. Herreweghe, uno de los más reputados representantes de la corriente que busca recuperar la fidelidad interpretativa, potencia ante todo la comunicación diáfana y sin histrionismos de la música, por más intrincada que sea. Quizá por eso destacan sus versiones de música religiosa y coral, encabezadas por aquella gran versión de la Misa en do menor de Mozart.
En el caso que nos concierne, de igual modo, los dos discos contienen piezas de sublime factura, interpretadas magistralmente por el Collegium Vocale Ghent. El predominio de la palabra refulge en estas composiciones arcaizantes ya en su época, composiciones que dejan de lado todo atisbo de lucimiento personal en pro del culto. El contrapunto es continuo e incansable, se repiten como desde siempre los pasajes en latín, comprensibles desde la fe para el luterano de a pie, una vez interiorizados los textos sagrados en vernácula. Suele decirse que la verdad del Cristianismo, su revelación a través del verbo divino halló en la música de Bach, uno de sus más devotos servidores, el vehículo idóneo. Más allá del tópico y de la profesión de fe, lo cierto es que al igual que en las Cantatas los temas de las cuatro misas aquí reunidas se antojan paráfrasis de una verdad de corte trascendente.
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